Aprendiendo de Fallout 4: decisiones

Fallout 4 es un juego bastante mierdero, para qué negarlo. El rediseño del SPECIAL, sus misiones repetitivas… hay muy poco bueno que decir de él. Sin embargo, lo que sí tiene a veces es una narrativa aceptable (muy “a veces”). Quiero decir, que no las he visto peores porque en realidad juego poco, pero tampoco es como para echarla a la basura.
Sin embargo, hay un pequeño detalle que recién me vino a la mente hoy: cerca del final del juego enfrentas algo que supuestamente es “una decisión difícil”. Una de esas en que tienes que decidir si dejas atrás a X o a Z, o cuando Z se pone malcriado y tienes que darle un tiro para conservar el control. En este caso (alerta de spoiler) tienes que decidir si apoyas a tu hijo, ahora convertido en líder del Instituto, o si te opones a él.
Hasta ahí todo bien, salvo por el hecho de que la decisión en esencia te importa una mierda, porque tu personaje y el de tu hijo han tenido poco roce durante la trama. Y sin roce, pues como que no sientes nada por él, no has desarrollado un vínculo. Así que te da lo mismo ponerte en contra de tu hijo y joderle sus planes de dominar el mundo a los que ha dedicado toda su vida mientras tú dormías. No hay tal dificultad en la decisión, y no puede haberla.
No podemos esperar que al jugador le duela perder al compañero X si éste ha estado de adorno durante toda la trama, si no te ha salvado la vida, o si tú no te has involucrado en sacar a su familia de un aprieto. Si quieren un excelente ejemplo de cómo manejar esto, les recomiendo Mass Effect 1.
Se dice fácil, pero no crean que lo es, y lo sé por experiencia propia, pues en el guión de mi proyecto hay una situación parecida. El equivalente literario es desarrollar un personaje que se haga querido por el lector y matarlo después (la maniobra de Martin) para causar un efecto emocional en los lectores. En fin, que una decisión es difícil no porque estemos sopesando dos variantes que son cuestionables desde el punto de vista “moral”, sino porque estamos valorando dos opciones, cada una de las cuales afecta una persona con la que tenemos un vínculo. Sin ese vínculo, no hay nada.

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