Dragon Age: Inquisition

Tenía este juego en la lista de pendientes, primero porque no me había decidido a ir a molestar a quien lo tenía con un par de memorias flash, y segundo porque pensaba que era esencial tener más de 4Gb de RAM, lo cual viene siendo la norma en estos tiempos. Tal parece que los fabricantes de RAM están confabulados con los desarrolladores de juegos y todo título de hace dos años para acá pide 6Gb para ofrecernos más o menos lo mismo que ofrecían Mass Effect o The Witcher 2 con 2Gb. Pues que me digan dónde hay que firmar y cuánto me toca de comisión, para sumarme a la conspiración.

Este es uno de esos juegos que salen y uno está esperando como si fueran los huevos de 15 centavos. No sé por qué, porque al igual que los susodichos huevos, no te resuelven ningún problema, salvo un par de desayunos. Y es que la historia de DA: Inquisition es sosilla, y no cabía esperar más luego de una segunda parte también floja en ese apartado. Mucha misión de relleno a la que no le ves sentido hasta el final (ah, esas piedrecitas me consiguen +2 de protección contra escupitajos de espíritu… haberlo dicho, hombre), mucho minijuego de los cojones capaz de hacer perder la paciencia a un monje budista… en fin, lo usual, como ya dije. Eso sí, ¡no hay Quicktime Events! Y los diálogos no duran tanto como los del Witcher 3. Supongo que deberíamos dar gracias por eso.

Los gráficos no están fuera de liga. Al parecer, los artistas de Mass Effect fueron puestos en criogenia al terminar la saga, y recién descongelados para la nueva serie. DA no va mucho más allá que Skyrim, aunque no llega al nivel de Fallout 3, que es onda carnet de identidad (de los viejos) recién plasticado. No está libre de clipping y bugs, pero bueno, el que esté libre de clipping que arroje la primera piedra (sí, eso es contigo, Witcher 3). En cambio tiene un manejo genial de ropas, un punto a favor de Frostbite aquí. Con algo tenían que compensar las texturas faciales con esas barbas que parecen dibujadas por mi hija en la aplicación de notas de mi teléfono. La verdad, a veces no sabes si es que al personaje le va el estilo lumbersexual, que es lo fashion ahora, o si acaba de meter la cara en un hormiguero. Vamos, que no está mal, pero me esperaba algo mejor de Bioware, que siempre ha tenido buenos artistas 3D. Los escenarios son inmensos y es una maravilla mirar al horizonte desde una montaña, pero en pleno 2015, cualquier estudiante de preuniversitario con buenas matemáticas y un libro de DirectX puede conseguir eso.

La interfaz… bueno, digamos que está un poco cargada. No tío, ese inventario que parece un foro no mola. Hay un sobrante de botones que harían las delicias de un auditor contable. No ayuda que tengas cinco o seis agentes y solo cuatro activos en cada momento, todos compartiendo un mismo inventario. A veces, seguir la pista de qué le puede servir a cada cuál y qué tiene equipado Pepe, que está guardado ahí en espera de que quieras ver a un qunari dar hachazos, se vuelve complicado. Para más inri, hay un solo sitio donde puedes modificar o craftear (sí, ese palabro existe, porque acabo de inventármelo) objetos. Al menos en mi PC, toma unos 15 segundos de carga cambiar a Haven, así que malditas las ganas que tengo de ir allí cada dos por tres a hacerme una armadura nueva y encontrarme que necesito cinco pieles de oso más o en su lugar usar pieles de gato casero que dan menos bonus. No sé si más adelante encontraré otro sitio donde hagan lo mismo, pero digo yo que no hubiera sido tan difícil poner forjas en cada mapa. Hombre, que no son puntos wifi ni nada tan especial.

Los mapas también tienen lo suyo. Con este afán de venderte un juego que supuestamente ofrece nosecuántos cientos de horas de acción, los diseñadores están compitiendo en crear escenarios artificialmente enrevesados que solo puedes recorrer por ciertos caminos, llenando el resto con una orografía imposible repleta de farallones que no puedes escalar. Así que venga a patear caminos e invertir horas en buscar cómo llegar a la cima de esa colina donde está la misión que quieres completar. Los corredores del laberinto, vaya. Si eso es divertido, pues que baje Dios y lo diga, porque a mí no me hace ni puta gracia.

De toda esta debacle podemos salvar su sistema RPG, que no es que sea la gran cosa, pero al menos no es excesivamente complejo. Lo cual no quiere decir que sea 100% compatible con mi método de juego que consiste en tirarle cosas encima al personaje según el siguiente método: si tiene bonus de fuerza es para el guerrero, si tiene willpower, inteligencia o wisdom, pues al mago. No soy muy de leerme los Codex que resultan ser fashion en estos tiempos. La información esencial que necesito debería dármela en interfaz. La no esencial… pues me la leeré otro día.

En fin, que no sé si todo el mundo tenga la paciencia de acabarse este juego. En ocasiones lo dejé ahí tirado y me puse a programar, tratando de conseguir ese estado de aburrimiento trascendental necesario para volver a jugarlo. Obviamente este título nunca será un clásico, como tampoco lo fue Dragon Age 2. No todos los días son Halloween, como dicen del otro lado del charco. Pero si eres de los que juegan cualquier cosa, algo así como la Superclaria en versión gamer, es probable que este juego te reporte algunas horas de entretenimiento. Pruébelo bajo su propia responsabilidad.

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