Futu.re, de Dimitri Glukhovsky

Tenía en el punto de ira este libro desde el año pasado, cuando me enteré de su existencia. Para los que no lo conocen, Glukhovsky es el creador de Metro 2033, aquella novela que dio origen a dos juegos y una serie de novelas más. De la saga Metro, pienso que los mejores libros son Hacia la luz, de Andrew Djakov, ambientado en San Petersburgo (aunque empieza en el metro de esa ciudad, casi toda la acción transcurre fuera) y Habana no Metro 2033: Tuerca de rosca izquierda, del escritor cubano Yoss. Metro 2034 lo encontré bastante soso.

Las críticas a Futu.re eran muy buenas. Lo calificaban como una novela excelente, la obra más madura de Glukhovsky, blah, blah. Con esas referencias me lancé en búsqueda y captura hasta que la encontré. Tengo que decir que no me impresionó en lo absoluto. La novela es larga, cansona a veces y excesivamente trágica. Se desarrolla en un futuro lejano en el que el hombre ha conseguido la inmortalidad, y por consiguiente, la superpoblación se ha convertido en un serio problema. Europa es una megápolis, de una punta a la otra se elevan rascacielos enormes que cubren lo que antes fueron monumentos arquitectónicos, pero aún así, el espacio habitable es escaso. Resulta difícil mantener el nivel de vida de 120 mil millones de habitantes, así que Europa, adalid del humanismo, ofrece la Ley de la Elección: para tener un hijo, uno de los dos progenitores debe envejecer y morir.

Bebés y ancianos se han convertido en algo desagradable, estos últimos son relegados a reservas donde acaban sus días abandonados. El protagonista, Yan Nachtigal, es un hijo ilegal, producto de un embarazo no declarado. Tales niños son confinados en orfanatos, donde a través de crueles torturas sicológicas y físicas se les enseña a odiar a sus padres que han violado la Ley de la Elección, con el objetivo de integrarse a la Falange. La Falange es un cuerpo represivo que persigue los embarazos no declarados, requisa los hijos y aplica la inyección que inicia el proceso de vejez en el progenitor que logren capturar.

Yan se verá involucrado en una extraña intriga política que lo llevará a descubrir… cosas. Lo mejor del libro, el final y su genial oda a la paternidad y el amor filial, algo que probablemente pasará desapercibido a menos que tú mismo seas padre y hayas experimentado la sensación de sostener a tu hijo en tus brazos. Por lo demás, creo que le sobran un par de cientos de páginas.

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